Duendes Rugby Club
19.07.2016

La historia de la familia verdinegra que vive en Cataluña

Tras la consagración del Racing 92 semanas atrás, Juan Imhoff se puso la camiseta de Duendes para festejar, pero también supo que no era el único, en los casi 100 mil presentes, que lucía con orgullo los colores verdinegros.


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 Tras la consagración del Racing 92 semanas atrás, en la cual el verdinegro Juan Imhoff volvió a dejar a Duendes en lo más alto luego gritar “¡Campeón!” en el Camp Nou de Barcelona ante 99.124 espectadores, lo que supone el récord de asistencia a un encuentro de rugby en toda su historia, salió a luz una rica historia para emocionar a la gran familia de Duendes.  Allí, Juan se puso la camiseta de Duendes para festejar, pero también supo que no era el único, en los casi 100 mil presentes, que lucía con orgullo los colores verdinegros.


Ahí estuvieron los Golubenko-Cot, una familia de 5 integrantes que asistió al partido con el atuendo del Duendes Rugby Club. Germán, el papá, es un rosarino que lleva 15 años en Castelldefels, municipio español situado en la provincia de Barcelona (Cataluña), Gonzalo, el mayor de los tres niños, tiene 11 años, Álvaro tiene 7 y Ahitana 3. Eli es la mamá, que junto con sus 3 hijos son catalanes, nacidos en Barcelona. Ella, se encargó de narrar con lujo de detalles cómo vivieron uno de los días que quedará en el recuerdo de su familia.



¿Cuándo nace su simpatía con Duendes RC?

 


“Todo empieza cuando en el 2011 nos vamos a vivir a Rosario, donde estuvimos un año y 14 días.  Mis hijos jugaban al fútbol en un Club de Rosario y con Gonzalo jugaban dos nenes que también lo hacían en Duendes, Juan Cruz y Eros. El papá de Juan Cruz, Javier González, me insistía en que dejara a Gonzalo ir a jugar a Duendes. Yo le decía que no, que me daba miedo que jugara a Rugby (creo que como a la mayoría de las madres) hasta que Gonzalo me insistió tanto que le dije "venga va, vamos". Es el día de hoy que me arrepiento de no haberlo llevado antes”.


“Directamente jugó, en la cancha de Duendes, porque ya apenas quedaban dos fechas para que terminara la liga, le dijeron: ‘tu corre hacia adelante y pasa hacia atrás, y placar (tackleá) de la cintura para abajo’. Así lo hizo, marco dos tries, uno que siempre se acuerda, porque no tenía ni idea de cómo se ensayaba (apoyaba) y tiró la pelota hacía el suelo y no valió, y el otro que ya le dijeron como tenía que hacer y contento marcó.  Así que al siguiente fin de semana repitió partido y ya era la última fecha y encima ya nos volvíamos a España”.


“Ahí le dijimos al entrenador, que no me puedo acordar como se llama (lo siento), que nos teníamos que volver a España y nos decía que pena que nos marcháramos porque a Gonzalo no le daba para nada miedo tirarse al suelo ni placar (tacklear), así que lo invitaron a que participara del Día del Club. Un día genial, donde el primer equipo estuvo jugando con todas las categorías y era muy gracioso por ejemplo ver a Tanque (Leandro González) correr con los chiquitos debajo del brazo como si fueran la pelota. Lo pasamos genial ese día”.


“Álvaro (el menor de los varones) era muy pequeño para jugar, tenía entonces 3 añitos, pero igual corría por la banda y jugaban a hacer pases y placar (tacklear) con mas hermanitos que estaban por el campo”.


“Hoy en día siguen jugando a Rugby aquí, van a empezar los dos en septiembre, la 4º temporada jugando en el Castelldefels Rugby Unión Club (CRUC)”.


¿Qué se les pasó por la cabeza cuando Racing 92 derrotó a Clermont en semifinales y con un try de Juan Imhoff?


“Seguíamos los partidos por TV, era muy emocionante, pasaron a Cuartos, pasaron a semifinales… ¡Siii, pasaron a la FINALLLLL! Y ya cuando Juan marcó el try de la victoria eso fue lo más, era todo un orgullo que fuera él el que lo marcara, ahí es donde yo les digo a mis hijos, ‘Veis, un partido hay que jugarlo siempre hasta el final, aunque uno vaya perdiendo, siempre hay que jugarlo hasta el final, el partido no se termina hasta que el árbitro "El Señor" no pita y da por finalizado el partido”.


Ya se sabía que la final del Top 14 se jugaría en el estadio de Barcelona FC, ¿Cuándo tomaron la decisión de asistir y por qué?


“Desde que salieron a la venta no tuvimos duda en comprarlas, por suerte la de los niños eran a un precio muy accesible y tenían una zona reservada para que  los niños de las escuelas de Rugby, de todos los clubes, pudieran estar todos juntos, acompañados de algún adulto. Ellos (Germán y Gonzalo) tenían un buen lugar, detrás de la H pero bien abajo y cerquita del césped. L as demás entradas eran de todos los precios, de las más baratas, como la mía que era arriba del todo, como yo digo, en el gallinero(risas), donde los veía como hormiguitas. Pero la cosa era poder estar, no sabíamos cuando se podría volver a ver una final de Rugby así, y teníamos la esperanza que llegara a la final Racing, que era nuestro deseo, poder ver a Juan, poder ver a un Duende en la final”.


¿A qué se debió el atuendo verdinegro con el cual asistieron al partido?


“En honor a Juan nos la pusimos, a los chicos de la escuela se les recomendó que fueran con el polo (la chomba) del Club, pero nosotros dijimos que lo sentíamos mucho pero que llevaríamos la de Duendes”.


¿Cómo los miraba el resto de la gente que fue al estadio?


“La verdad que nos miraban mucho, había mucha camiseta de Racing y de Toulon. Los clubes de aquí también llevaban las de su equipo pero la verdinegra llamaba la atención, es más, entramos un momento a un bar y había una mesa como de 20 personas españolas y se giraron a ver quiénes éramos, y al pasar le dijimos ‘nosotros también venimos a ver el partido’ (risas).


¿Alguien le preguntó de qué equipo era la camiseta?


“Si, las calles eran un sin fin de personas que iban hacía el estadio del Camp Nou, éramos 99.124 personas, algo impresionante. Un ir y venir de aficionados, algunos franceses nos paraban y nos preguntaban de dónde era la camiseta, les enseñaba el escudo y era en plan Duendes-Imhoff-Racing 92 y en seguida nos entendíamos y muy sonrientes nos decían ‘Ah. Oui, Oui Imhoff, Imhoff”.


“Cuando los que preguntaban venían con la camiseta de Toulon, yo pensaba, ‘um madre mía a ver con que me salen’, y la verdad que ningún problema, también sonreían y reconocían a Imhoff”.


“Dieron una muy buena lección de compañerismo, personalmente no vi ninguna pelea ni discusión entre aficionados rivales, todo el mundo contento, cantando, disfrazados, en el Campo estábamos las dos aficiones todas mezcladas y genial, dieron una muy buena lección de lo que es el Rugby”.


“Los que más me sorprendieron fueron unos chicos italianos, que al cruzarnos nos dijeron ‘¡Duendes, Duendes!’. Nos contaron que jugaban en Florencia al Rugby y que el entrenador era Rosarino y  por eso reconocían la camiseta”.


“Y ya por último, estando en el hotel entraron tres chicas corriendo y también nos gritaron ‘Duendes’ y yo les grite ‘Rosarinas’ (risas).


¿Cómo vivieron la consagración del equipo de Juan y qué sintieron cuando lo vieron en medio de los festejos con la camiseta del club?


“Los últimos 18 minutos estábamos muy nerviosos. No podía estar sentada, lo terminé viendo de pie y cuando pitaron el final era un mundo de gritos y banderas de Racing ondeando. Alucinante. Lo más bueno fue que al ver por las pantallas gigantes la imagen de Juan con la camiseta de Duendes. Germán y yo, uno en cada punta del campo, nos estábamos escribiendo a la vez un mensaje que ponía ‘¡Viste Juan se puso la camiseta de Duendes, lo enfocaron en la pantalla’. Fue muy bueno ese momento.


¿Cómo fue el momento en que se fotografiaron junto a Imhoff?


“Lo bueno se hace esperar ¿no? Pues a nosotros nos costó unas cuatro horas (risas). Pero lo volveríamos a repetir. Nosotros llegamos al hotel pasado el mediodía bastante antes del partido.  Veíamos por los cristales a algunos jugadores pero las ventanas estaban cerradas. Así que todo era por mímica”.


“Los saludábamos con la mano y cuando alguno miraba les mostraba el escudo y le hacía señas del número 11 con los dedos. Nos entendimos rápido, sabían que preguntaba por Imhoff y ellos me hacían señales de que estaba descansando, que más tarde podría llegar a acercarse.  Estuvimos un buen rato más por allí, pero nada. Iban pasando los jugadores pero al que más esperábamos no lo veíamos (risas).


“Mientras, nos fuimos al otro hotel y llegando nos encontramos con Juan Martín Fernández Lobbe. Lo llamamos y enseguida se levantó y al vernos la camiseta enseguida nos sonrió y nos dijo – ‘Ah, ustedes hoy hinchan por Juan. Muy bien chicos’. Y ya de paso vimos a Nonu”.


“Ya eran casi las 6 y nos habían dicho que a las 7 se iba Racing para el Camp Nou. Así que de vuelta al hotel a ver si teníamos más suerte esta vez, el hall estaba cada vez más lleno de gente, nos pusimos cerca de la escalera por si bajaba. Y finalmente se nos dio. Lo vimos bajar con una sonrisa de oreja a oreja mirándonos”.


¿Qué fue lo que les dijo al ver gente de Duendes allí?


“Cuando vio las camisetas de Duendes vino directo a nosotros, nos abrazó a los cinco uno por uno y nos dijo que sus compañeros le habían dicho que abajo había gente con camisetas de Duendes. Yo ya no sabía si me temblaban las piernas, si se me saltaban las lágrimas o que me pasaba (risas). Los miraba a mis hijos las caras que tenían y con eso yo ya era feliz. Me acuerdo que para hacer la foto le di a Juan en brazos a Ahitana y la foto es muy graciosa porque la nena parece una pelota de Rugby en sus brazos de como quedó sentada. Gonzalo se había llevado su camiseta blanca con el Duende que guarda de recuerdo con las firmas del Día del Club, se la dio a Juan para que se la firmara y fue muy bueno porque Juan reconoció firmas que habían en la camiseta y le dijo: ‘Te faltaba un Duende más y se la firmó debajo del escudo’.


SALUDO


“Nos gustaría que le hiciesen llegar a Juan millones de gracias por los minutitos que pudo compartir con nosotros, lo que hizo, no lo olvidaremos nunca.

“Ojalá si algún día podemos volver a viajar a Rosario, no tengan duda que pasaremos por el Club, el que sentimos nuestro Club también, el que llevamos siempre en el corazón DUENDES, en el que estuvimos muy poquito tiempo pero mis hijos fueron muy felices, donde siempre los trataron con mucho cariño.

Que sepan que las puertas de nuestra casa las tienen abiertas siempre cuando quieran.


LOS QUEREMOS DUENDES,


Familía Golubenko-Cot